Lo que les voy a contar es algo que me pasó hace varios meses, y que por falta de pc no pude compartir antes.
Primero que todo les voy a confesar que hasta que me sucedió esto, jamás me había puesto a pensar lo afortunado que había sido al poder contar cobertura médica. Toda la vida había gozado de ese privilegio, que lamentablemente no está al alcance de todos. Entre abril del año pasado y abril del 2010 me encontré sin ningún tipo de cobertura y realmente se me complico.
Todo empezó aproximadamente en el mes de octubre. Fui a averiguar los requisitos para inscribirme en la facultad y entre ellos debía presentar 2 exámenes médicos: una laringoscopia indirecta y una audiometría tonal. Par el que se haya hecho alguna vez estos estudios sabrán que son estudios muy simples. Para el que no sabía, ya están informados.
Lo primero que me vino a la mente fue que yo ya me había hecho esos estudios varias veces. Simplemente consistía en sacar un turno, presentarse a horario y en aproximadamente 1 hora el tramite estaba terminado.
Fui primero al hospital Argerich que queda cerca de mi casa. Entre y fui directo a la ventanilla a sacar turno. Allí me dijeron: “no pibe, para esto necesitas ir al hospital Ramos Mejía.”
Perfecto dije yo. Al día siguiente, muy temprano (o por lo menos yo pensé que era temprano), tipo 8 de la mañana llegué a dicho hospital. Otra vez me dirigí hacia la ventanilla para pedir un turno. Allí recibí la siguiente respuesta: “no pibe, para el otorrino tenés que venir martes, jueves o viernes. Se atiende por orden de llegada y hay turnos limitados.”. Bien, pensé yo. Vuelvo mañana, y pregunté: “¿A qué hora más o menos me aconsejas que venga?”. RTA: “yyy…venite mas o menos a las 4.30, 5 de la mañana.”
Así fue como al día siguiente fui hospital. Eran exactamente las 5 de la mañana cuando bajé del taxi. Desde la puerta del hospital, que se encontraba cerrada, había una fila de aproximadamente 20 personas. En ese instante agradecí que el, tantas veces odiado, despertador había cumplido su función.
Me senté a esperar sin apuro. Le pregunté a la señora que estaba al lado mío a qué hora abrían las puertas y me respondió que a las 6.30 más o menos. Tratando de no desesperar, prendí el mp3 y me puse a escuchar la radio. Entre las pausas de la radio alcance a escuchar que las personas que estaban primeras habían llegado a las 2 de la mañana. Pensé: “que locura, esa gente pasó toda la noche sentada acá. Decí que no llovió ni hizo mucho frio”
A eso de las 7 abrieron las puertas y nos hicieron pasar y formarnos nuevamente en uno de los pasillos del hospital. Ingenuamente pensé que era la fila para sacar los turno. Alli espere sentado y paciente media hora más, hasta que una señora de avanzada edad y de voz gruesa comenzó a gritar que pasáramos al hall central y que formáramos en las ventanillas de turnos. La misma señora pidió a las embarazada y a los jubilados que formaran filas aparte en ventanillas aparte. Eso me pareció sensato, aunque a no todos les gustó. Desde una puerta salió una mujer aun más anciana que la anterior y comenzó a gritar. “HOY NO HAY: GINECOLOGIA, OBTETRICIA, HEMATOLOGIA, (nombró 7 u 8 especialidades más), OTORRINO SOLO HAY 6 TURNOS…”. Mi cara se puso pálida al escuchar esas palabras. Muy frustrado me sentí al ver como las mismas personas que habían llegado a las 2 de la mañana se marchaban con los ojos al borde de las lagrimas. Había aproximadamente 20 personas al frente mío, y no había tenido en cuenta a las embarazadas y jubilados. Mis posibilidades eran muy escazas.
A las 7 empezaron a atender en las ventanillas. A medida que avanzaba la fila trataba de escucharlos turnos que iba sacando la gente. Finalmente llegué frente a las ventanillas. Había 3 personas al frente mío, en la cola de al lado un muchacho de 30 años aproximadamente estaba en misma situación. Se me ocurrió preguntar para que venía: “Para el otorrino”, dijo. No se me ocurrió mejor frase que: “ que gane el mejor”. Nos reimos los 2 y de imediato fijamos la mirada en las personas que estaban entregando los turno. Las filas avanzaban y por más que no lo dijéramos, ambos aperábamos que se trabe la computadora de la otra fila, que pasara algo mágico y divino.
Llegue primero a la ventanilla y cruzando los dedos le dije: “turno para el otorrino, ¿Hay?”. Escuche un magnifico: “Si, justo queda uno”. Me di vuelta y noté en la cara del muchacho mucha ira, y al mismo tiempo una profunda resignación. CONSEGUÍ EL TURNO
El turno era para las 11 de la mañana. Siendo casi las 8 salí del hospital y me fui al bar de la esquina, me pedí un café con leche con medialunas y me senté a leer el diario. Muy, pero muy lentamente se hicieron las 10.30 y fui a la puerta del consultorio a esperar.
Casi a las 12 me llaman para entrar. Le muestro los papeles al doctor que me dice: “Disculpame pibe, el espejo que se usa para la laringoscopia se rompió, así que si querés vení el martes a las 8. No saques turno, vení derecho y buscarme”. Para la audiometría anda a fijarte si esta la doctora arriba en el consultorio 45, sino el martes te hacemos todo”. Con una mezcla de ira profunda y resignación subí a buscar a la doctora, que gracias al cielo estaba y me hizo el estudio.
El martes siguiente volví, por algún extraño capricho de la burocracia cósmica exactamente a las 8 pasó el doctor por el pasillo y me llamó. Rápidamente termino el examen de la garganta. Me dió el OK y volví a mi casa.
Ahora gracias al trabajo tengo cobertura nuevamente. Tengo que ir al dermatólogo y no tengo más que hacer que levantar el teléfono, sacar un turno y presentarme a horario.